La conversación, cargada de identidad y sentimiento, dejó ver a un A-Rod profundamente conectado con sus raíces.

“Adoro la República Dominicana. Soy tan orgulloso de ser dominicano”, expresó con el brillo de quien no solo honra su herencia, sino que también la promueve con voz propia ante el mundo.
Aunque su infancia transcurrió en los Estados Unidos, Rodríguez reconoció que su sentido de pertenencia ha madurado con el tiempo.
“A los 20, 30, 35 años no entendía bien mi conexión… pero mientras más tiempo paso en esta tierra, más y más dominicano me siento”, comentó, reflejando un proceso de reencuentro emocional y cultural con su país de origen.

En ese mismo tono íntimo, compartió que su madre ha elegido residir la mayor parte del tiempo en Santo Domingo, lo que ha influido significativamente en su decisión de mantener una presencia activa en la isla.
Sus palabras reflejan una transformación personal que va más allá del deporte, consolidando una imagen de orgullo nacional e identidad reafirmada.
A partir de esta conversación, el exbeisbolista se posiciona como un referente internacional de dominicanidad, no solo por su trayectoria profesional, sino también por su compromiso afectivo con la patria.










